Porque decidí que mi historia todavía no tenía el punto final.

Porque confié en que tal vez algún mañana sería más bonito.

Porque tuve fe en que las lágrimas servirían de abono y que algún día podría cosechar algo que, en ese momento, todavía no podía ver.

Punto y coma.

Porque hay una fuerza más grande que yo que me ancla a esta tierra.

Porque hay ojitos viéndome.
Y manitas esperándome.

Porque alguna vez la esperanza logró robarme tantita atención.
La vi de frente.
Y decidí quedarme.

Porque hasta las estrellas se cansan.
Descansan.
Y se vuelven a prender.

He querido irme más veces de las que me atrevería a decir en público.

Y como tantas personas que alguna vez han querido que el dolor termine…
yo también he querido.

Pero entonces han llegado mensajitos inesperados.
Miradas de ternura.
Sonrisas genuinas.
Llamadas que alivian.
Personas que aparecen.

Y, sobre todo, una voz interior.

A veces muy suave.
Otras veces muy fuerte.

Que me dice:

continúa.

Punto y coma.

Porque no es fácil.
Pero seguimos encontrando los “vale la pena”.

A veces son enormes.
Y otras veces alcanzan apenas para llegar a mañana.

Pero alcanzan.

Esta historia continúa.
Este libro todavía no está completo.

Así como el tuyo.

Dejemos que la vida todavía nos sorprenda.

Porque…

¿qué tal que mañana sí sea más bonito?

Y no estuvimos para vivirlo.

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— Ana Marcela Rodríguez

En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, recordemos que hablar de lo que sentimos también puede ser una forma de quedarnos.

Si hoy estás pensando en suicidarte o sientes que podrías hacerte daño, en Estados Unidos puedes llamar o enviar un mensaje de texto al 988 para recibir apoyo inmediato.