Por lo general, escuchamos hablar del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) en referencia a quienes han servido en las fuerzas armadas. Sin embargo, los miembros del ejército no son los únicos que pueden experimentar TEPT. El TEPT se desarrolla a partir de la experiencia de cualquier evento que cause un miedo intenso, lo que resulta en un trauma que permanece con nosotros, tanto física como mentalmente. Cuando experimentamos un evento traumático, nuestro cuerpo y mente pueden quedar atrapados en un modo de supervivencia crónico de ‘lucha o huida’. Esto se debe a que nuestro cerebro se altera, literalmente, debido a la intensidad del miedo sentido durante el evento desencadenante. Dentro de nuestro cerebro, la amígdala se vuelve hiperactiva mientras que nuestra corteza prefrontal lucha por responder, lo que provoca un exceso de adrenalina corriendo por nuestros cuerpos en situaciones que nos recuerdan ligeramente el evento original. Como resultado, podemos experimentar un ritmo cardíaco acelerado, respiración rápida, sudoración y temblores severos en situaciones que normalmente no nos causarían miedo. También podemos desarrollar dolores de cabeza por tensión, dolores de espalda, dolor en las articulaciones, músculos tensos, náuseas, mareos y sobresaltarnos con facilidad. Las situaciones que pueden crear esta reacción interna podrían ser la exposición al combate o experiencias militares que pongan en peligro la vida, así como desastres naturales, la muerte repentina de un ser querido, el abuso infantil prolongado, la agresión sexual, la violencia física y los accidentes graves, entre otros. Cualquiera puede experimentar estos eventos que cambian la vida.

Los enfoques terapéuticos eficaces para el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) se basan en el uso de psicoterapias basadas en la evidencia y centradas en el trauma, tales como la terapia cognitivo-conductual (TCC), la Terapia de Procesamiento Cognitivo (TPC), la exposición prolongada (EP) y la Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares (EMDR).

La Terapia Cognitivo Conductual (TCC) y la Terapia de Procesamiento Cognitivo se utilizan para ayudar a las personas a desafiar y modificar de manera sistemática las creencias y comportamientos traumáticos e inútiles. La EP les brinda a los pacientes un espacio seguro para abordar recuerdos y recordatorios situacionales que de otro modo evitarían, con el fin de reducir las respuestas emocionales y físicas que estos desencadenan. El EMDR es muy utilizado en la terapia relacionada con el trauma, empleando la estimulación bilateral a través de movimientos oculares de lado a lado para ayudar a reprocesar el evento traumático. En última instancia, estos enfoques se centran en proporcionar un espacio seguro para que las personas reeduquen la respuesta de sus cerebros a los desencadenantes y estímulos que inducen respuestas físicas y emocionales relacionadas con el evento original.